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Vivencias
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Extenso barrio de los Mártires, Barrio "de los calloncos", donde se vive como en ninguno el ajetreo de los preparativos para el desfile, pues en cada casa existe un miembro de la familia que participa, bien de Nazareno, de romano o de hermano del paso, el barrio al completo colabora con su cofradía.
Antes de las once de la noche comienza a escucharse el chasquido de los caballos de los romanos, los tambores de bandas y de la multitud que se congrega para ver la salida desde su plaza de los Mártires.
Comienza el desfile y la primera entrada es el La Corredera, donde en el silencio de la noche se percibe el arrastrar de las largas colas de sus Nazarenos; parando en las monjas como cada año para que les recen sus oraciones, que también son del barrio.
Continuando su marcha llegan hasta el Arco de Burgos, donde se concentra gran cantidad de público para escuchar las saetas que cantaores de tierras vecinas hacen poner los pelos de punta y siguen por la calle Abajo, calle estrecha con balcones llenos de vecinos que sienten la amargura de esa Virgen y comparten su dolor.
Llegan a la plaza España, abarrotada de niños expectantes por ver los caballos y las largas colas de los Nazarenos, de esos Nazarenos silenciosos a los que preguntan y nunca responden.
Y comienza el regreso por la calle Arriba, hasta llegar a la avenida de Portugal, de nuevo en su barrio donde sus vecinos les esperan con puertas y ventanas abiertas y le dicen un año más adiós al coronado y a la Virgen de la Amargura.
CORONAO Y MARTILERO. PETRY PÉREZ ANTÚNEZ. 1991
Coronao a ti te llaman Coronao y Martilero Pues no hay orgullo mayor que este barrio de mi pueblo quiera ser tu compañero.
Compañero que te lleve cual niño mimado en brazos y te ofrezca un hombreo amigo donde reposar tu llanto.
Que te quite esas espinas que te están haciendo daño y te llene de romero y de lirios perfumados, que te acompañe fielmente al camino del Calvario.
Tus humildes costaleros contemplan tu cuerpo azotado, como puede ser Dios Mío, que te den tanto martirio siendo tan bueno y Santo.
¡Paradlo por Dios paradlo! que le recen las monjitas, y como si fueran Verónicas, pueden enjugar sus mejillas.
Que te canten los saeteros, y se escuche en el silencio, los piropos de la gente de tu barrio Martilero. Coronao a ti te llaman. Coronao y Martilero.
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