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Vivencias
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JOSE MÁRQUEZ FRANCO. 1988
La Semana Santa de Jerez de los Caballeros forma parte de ese inmenso legado cultural del que disfruta el jerezano, sobresale por encima de cualquier otra manifestación cultural o artística y brilla con luz propia.
Siempre ha sido así. La Semana Santa de Jerez ha conocido épocas de decadencia y de esplendor manifestadas en lo exento. En el fondo nunca existió tal decadencia porque para el jerezano, la Semana Santa es un sentimiento profundo, arraigado en lo más hondo de su ser.
La labor llevada a cabo por las Cofradías es digna de todo elogio. No se han limitado a cubrir sus necesidades materiales sino que inconscientemente, como si funcionara una memoria histórica, están llegando a la esencia de sus mismos orígenes: el cumplimiento de una función social.
Tal es el caso de la Cofradía del Señor Ecce – Homo que en 1988 cumple su 111 aniversario. Recuperando el esplendor de su desfile, aumentando su patrimonio – que es de todos – con nuevas obras de arte, casi tocando techo en su desfile procesional, esta popular Cofradía que hace años recupera la tradición de la comida del Jueves Santo – dándole un sentido más acorde a los tiempos que corren – hace ya un año que ha puesto a disposición de sus cofrades una casa hermandad, algo totalmente inédito en nuestra ciudad. A la vista de los resultados obtenidos, la experiencia del funcionamiento de esta casa hermandad hay que calificarla de muy positiva ya que al facilitar el contacto durante todo el año de cuantos cofrades quieran utilizarla ha creado un ambiente nuevo, una nueva forma de ver la Semana Santa, de organizarla, intercambiando ideas y opiniones, surgiendo de allí un renovado ambiente cofradiero del que nos sentimos - ¿por qué no decirlo? – muy orgullosos.
"ECCE-HOMO". JOSE MÁRQUEZ FRANCO - Premio de Poesía Ciudad de Jerez 1994
Hoy, Señor, que te he visto frente a frente, esquivé tu mirada dolorida y rehusé la emoción incontenida que pugnaba por ser puro torrente.
A veces me pregunto si la gente, eludiendo la respuesta más temida, aparta, como yo, la vista herida, pareciendo ante ti indiferente.
Y esta noche que el miedo he vencido, he buscado consuelo en tu semblante; me faltó el valor y te he rehuido,
te intenté ignorar y seguir errante, mas no tuviste sitio en el olvido. Todo esto, Señor, en un instante.
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