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DOMINGO DE RAMOS. INSPIRADO EN LA OBRA "JEREZ DE LOS CABALLEROS Y SU SEMANA SANTA". 1991
Un año más comienza la Semana Santa, nuestra Semana Mayor. Jerez se prepara para revivir la Pasión de Jesús, la vida cotidiana cambia... es momento de reflexión.
Tarde del Domingo de Ramos... El Barrio Bajo es el afortunado, entre todos los barrios de Jerez, que abre y cierra las solemnidades de la Semana Mayor. La tarde del Domingo de Ramos entona un clamoroso hosanna al Hijo de David, acompañándolo en la Entrada triunfal de Jerusalén.
Y no podría ser de otra manera. El Barrio Bajo entiende y sabe mucho de tiempos de trabajo, de renovación de vida nueva en sus campos y en sus frutos, de esperanza continuada en la protección del sostén de sus vidas.
Tarde de Domingo de Ramos... El Barrio Bajo es hoy el protagonista de la Semana Santa. Lo fue esta mañana, con la bendición y procesión de las palmas. Lo es esta tarde también, al presentar, en su Iglesia de Santa Catalina, el paso de "La Burriquita". Este paso recorrió por primera vez las calles de Jerez en el año 1875, siendo Hermano Mayor de esta Cofradía Alonso Ceballos
y Solís; en este recorrido, el Guión lo portaba Miguel Méndez Barreto y el Gloria
Luis de Sotomayor y Terrazas. Estrenó andas nuevas, de madera tallada y dorada, en los años cincuenta, construidas en Madrid. Las actuales, de madera tallada con ricos adornos, doradas en oro fino, fueron adquiridas en Sevilla en el año 1983.
Este grandioso paso está compuesto por la imagen de Jesús, de autor desconocido, acompañado de ocho imágenes más. Como caso curioso, hay que resaltar, por lo que tiene de meritorio y significativo, que la "burriquita",
donde va Jesús montado y la que juntamente le acompaña, son dos
animales disecados por José Gordillo y su ayudante Ramón Núñez.
Tarde de Domingo de Ramos... Llano de Santa Catalina... Como una bandada de golondrinas - hábito blanco y negro - han llegado los nazarenos a la Iglesia, por las cuatro calles que conducen a ella, cruzándose y encontrándose, en vuelo ligero, por el llano. Los niños, vestidos de hebreos, llegaron los primeros y recogieron las palmas de su ilusión. Y en seguida, entre suaves movimientos de túnicas y capas nazarenas, con un ritmo indeciso de aleteo de palmas y con un murmullo de júbilo creciente, empieza a salir el desfile procesional, tanto tiempo esperando y acariciando, para acompañar a Jesús en su "Entrada en Jerusalén", y a la Madre del Rosario.
La Virgen del Rosario, de autor y fecha desconocidos, aunque ha sido restaurada en el año 1955, por el escultor sevillano Sebastián Santos, hace su desfile procesional, bajo palio, con andas repujadas en plata, con las imágenes en relieve de Nuestra Señora de Aguasantas
y Nuestra Señora del Rosario, son obra del orfebre sevillano Manuel
de los Ríos, fueron adquiridas en 1985. El palio, bordado en oro,
sostenido por doce varales repujados en plata, fue bordado en los
talleres de
Manuel González Hinojosa, de La Rinconada (Sevilla).
En alas de esta alegría triunfal, el lucido cortejo de nazarenos va escalando las empinadas calles y los pasos más parecen movidos por la ilusión que por el esfuerzo.
Ya se ha hecho de noche en el Barrio Bajo... La Cofradía va descendiendo, lenta, la pendiente de las calles. Los pasos de Jesús y la Virgen parecen ascuas de oro y plata, entre sombras. Ya no se perciben los aleteos de las palmas; la alegría e ilusión se quedó entre las ventanas y balcones. Pero sí los tintineos de rosarios, al chocar con los varales del palio, pues van engarzando entre sus cuentas las oraciones y fervores del pueblo que le va susurrando, fervoroso, ya dentro de su barrio.
El llano recibe a la Cofradía lleno de luna y sombras. Ha cambiado las voces del triunfo por la intimidad de un profundo misticismo. En las calles corre un hálito fervoroso y devocional. En las casas, se palpa un propósito de generosa entrega. Misticismo, fervor y entrega que guardará y sabrá conservar el Barrio Bajo, durante todo el año, después que el desfile procesional y penitencial haya entrado en el templo...
¡Qué hermoso es ver nuestros pasos por las calles jerezanas, en perfecta conjunción de imágenes, paisaje y esforzados costaleros!
1989
Tras la Cruz de Guía, encabezan el desfile las cornetas y tambores de los muchachos del barrio, con elegantes uniformes y paso marcial, que son admirados por pequeños y mayores, pues más que un grupo de amigos, parecen ser muchachos de academia y sin embargo son del barrio, que en sus ratos de ocio, muchos días los dedican a prepararse para desfilar mejor cada año.
Tiene esta cofradía el privilegio de ser la que comienza la Semana Santa, dando entrada a Jesús en Jerez, en un ambiente festivo y con un pueblo entregado a vivir y participar en esta Semana de Pasión.
Sus vistosas túnicas y ornamentación, donde la palma es la principal, dan un colorido inigualable, además de sus pasos que, con sus tallas, son de los mejores, destacando la Virgen del Rosario bajo palio y con manto bordado por las monjas de la Gracia es digno de admirar.
Su itinerario es una estampa por cada rincón de su barrio; desde que comienza en su plaza de Santa Catalina, ya es esperada por una multitud expectante, por ver la salida tan ajustada por sus puertas, siguiendo por sus calles estrechas y empinadas que conservan todo su tipismo y en la subida por la ladera del correo, donde al fondo tiene su torre con el sol poniéndose atrae a numeroso público que comparte el esfuerzo de los costaleros en llegar a la cima, la calle San Agustín.
Tras desfilar por la plaza de España, calle
Arriba y calle Abajo, desciende hacia la Fuente de los Santos, entrando en su barrio abajo, con su caminar lento a marcha de tambores y cornetas. Atrás dejan una multitud de personas, cada año más numerosa, que asiste al desfile de esta primera cofradía de la Semana Mayor de Jerez. |