Semana Santa de Jerez de los Caballeros

La Burriquita
La Vera Cruz
El Silencio
El Ecce-Homo
La Cena
El Coronao
La Macarena
Ntro Padre Jesús
     
 

Libro Oficial Semana Santa www.semanasantajerezana.com Jerez de los Caballeros

 

 

 

www.semanasantajerezana.com Jerez de los Caballeros

     

Imágenes Domingo de Ramos | Imágenes Domingo Resurrección  

Vivencias del Domingo de Resurrección

CONSUELO SÁNCHEZ BALLESTEROS. 1988

Tenemos en Jerez de los Caballeros una antigua y pintoresca fuente, bonita donde las haya, a la que miran desde su altura cuatro empinadas torres, y que es como el punto de ese gran signo de admiración que parece la vieja y gremial calle Zapatería. Se llama la Fuente de los Santos, no sabemos si tal nombre se le impuso para conmemorar a Todos los Santos o si da título a los anteriores jerezanos que hace siglos la construyeron, que no será por nosotros los actuales.

Esta popular fuente es, además punto de confluencia de tres calles jerezanas, dispuestas en su trazado a desiguales niveles.

Y aquí, en este lugar, inundado de sol y de azul cielo, de transparencias de agua desgranada y de murmullos de multitud expectante, tiene lugar la tradicional ceremonia jerezana del encuentro de Cristo Resucitado con su Madre.

Sale esta procesión tempranito del templo de Santa Catalina, pues siempre hubo prisa por encontrarse con el ser querido que espera. Y allí queda la Madre, en la plazuela de esta fuente, esperando una señal o un indicio que le confirme que su Hijo resucitó.

María Magdalena, Simón Pedro y Juan la acompañan. Están deseosos, yo diría más bien ansiosos, de ver qué ha resultado después de tanta tragedia, y se adelantan a la Virgen para tratar de informarse. La Magdalena, más curios, por eso de ser mujer, se separa de ellos impaciente. Camina por su cuenta entre el gentío, melena al viento, con una excitación exterior que es fiel reflejo de la interior que le embarga. Pregunta, otea... De pronto, una nube azulada le devuelve la imagen amada de su Maestro ¡Cristo está allí, resucitado! Y en una vertiginosa carrera lleva la buena nueva a los dos apóstoles.

Estos, más escamados, mas sesudos, por eso de ser hombres, más decepcionados también, por aquello del Calvario, no quieren creerla. ¡Mujer al fin!, pensarían entonces como ahora. Pero Juan se adelanta, siguiendo entre desconfiado y curioso a la de Magdala. Calle Zapatería arriba, vistazo al a Rambla, y... carrera otra vez, desenfrenada, con el manto rojo al viento y su dedo índice señalando eternamente el lugar del increíble suceso. ¡Hemos visto al Señor! Y el veterano y negante Pedro, que tanto vio en tres largos años y tanto negó en tan escasos minutos, no acaba de creerlo, pese a las afirmaciones de Juan. Prefiere confirmarlo por sí mismo antes de hacérselo saber a la Madre, por si acaso... Y Pedro sigue a la Magdalena y a Juan.

Después, no puede creer lo que sus ojos ven también; Cristo resucitado y glorioso al encuentro de su Madre. Indescriptible alegría.

María Magdalena, Juan y Pedro se adelantan a Cristo para avisar: “María, tu Hijo resucitó, como Él nos dijo y todos esperábamos”. Y Cristo baja radiante desde la Rambla hasta la plaza de la Fuente, donde le espera María, entre una multitud que le aclama y aplaude. El encuentro de la Madre con el Hijo es apoteósico. Después de los Dolores vividos por el jerezano en la calle de la Amargura con el paso de Jesús, y del suplicio en la Cruz, allá en San Bartolomé, con el Cristo de la Piedad, la esperanza convertida en realidad de Cristo Resucitado es vivificadora. “Destruid este templo y yo en tres días lo reconstruiré”...

Finalizada esta sencilla y conmovedora ceremonia en la que la Madre y el Hijo se encuentran y se unen en inmenso abrazo a los acordes del himno nacional, sones de trompetas, cornetas y tambores, explosión de aplausos y palomas blancas y globos multicolores que se pierden en el cielo, pasa la procesión. Subimos la empinada calle Zapatería que hace apenas unos minutos era como un largo arco iris, prieto de jerezanos y curiosos visitantes que vestirán sus mejores galas en este Domingo de Resurrección. Y seguimos subiendo, apuntalándonos unos con otros para no tropezar y caer.

Y a una, que tiene la aburrida costumbre de pensar de vez en cuando, se le ocurrió a la ligera, como siempre, entre risas de niños y comentarios gozosos de mayores: “Qué grande es el Cristianismo, que en medio de las mayores dudas, catástrofes, dolores y enfermedades, incluida la espantosa muerte, puede ofrecernos, para dar sentido a nuestras vidas, la inmensa y necesaria opción a la esperanza en la figura de Cristo Resucitado”.

  Imágenes del Pasado

Cristo Resucitado www.semanasantajerezana.com Jerez de los Caballeros