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Carteles Semana Santa 2007 www.semanasantajerezana.com Jerez de los Caballeros

 

 

 

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Vivencias

JESÚS REBOLLO MARCOS.1988

San Bartolomé está esta tarde más azul. Parece que los azulejos de la torre se han engalanado con sus brillos más destellantes para despedir a un sol que todas las tardes de Jueves Santo tiene algo de especial.

Tres azules se juntan esa tarde, mezcla de magia, amarga y dolorosa, el cielo, la torre, las túnicas, tres azules que por el dolor y la amargura se irán haciendo oscuros, al son de unos tambores que nos van anunciando cada año la noche más larga y encantadora de Jerez.

Se abren las puertas y como un río melancólico las calles también se tiñen de azul, un azul celeste que nos recuerda el cielo de esa tarde de primavera.

Y Jerez entero, ya está en la calle, triste y con el alma encogida para ver de nuevo a Jesús cenando con sus amigos. Los niños entonces mirarán con grandes ojos al amigo traidor con su bolsa de monedas en la mano, a la Magdalena, a Juan, a María, una reunión de amigos que pasea nuestras calles dándonos el mensaje del amor.

Más azul en el cielo y en las calles y Jesús ya está ante Pilatos, con su gesto humilde y sumiso, con un dedo acusador ante Él. La humildad de Jesús, se queda demostrada en nuestro barrio más alto, como haciéndonos ver que siempre lo más humilde es lo que más cerca está del cielo.

De pronto, el azul del cielo, se hace casi negro, las túnicas parecen que ya han perdido todo el color, la torre ahora se ha hecho oscura, sombría y triste cuando Él aparece. Sus manos acarician su base, parece que quiere consolarla. Su semblante plácido nos invita al silencio y la reflexión. La tarde se ha hecho noche y el barrio ha enmudecido para contemplar sus manos que tocan nuestras casas acariciándonos y aliviando nuestra tristeza, es la mano de un amigo que nos consuela y alivia en su propio dolor. Hay silencio, para contemplar la belleza de su cuerpo hermoso, desnudo y maltratado y para contemplar su cara. Jerez entero se mira en su cara y se enamora de ella. Poco a poco, lentamente, recorre las calles con su porte majestuoso y solemne, algo nos impulsa a seguirle, a verlo en cada uno de nuestros rincones en silencio. Ante Él no cabe decir nada, tampoco una saeta sale de ningún balcón camina solo, tocando nuestros balcones como si tocara nuestro corazón y cuando toca nuestros corazones, sólo el silencio y alguna lágrima es toda nuestra respuesta.

Detrás viene Ella, las lágrimas están en sus ojos, llenos de dolor y amargura, pero a la vez llenos de Paz. Paz que se desea e implora desde el rincón más apartado y oscuro. Desde su dolor nos la ofrece para nuestra tierra, nuestras casas, nuestra vida y nuestro corazón. También la Paz recorre Jerez invitándonos a seguirla, a acompañarla en su dolor y su pena, nos ofrece todo su amor en esta tarde de primavera.

La noche sigue su rumbo trágico; huele a cera, claveles y romero. Jerez más bello que nunca vestido de negro, pero hoy de su torre más cercana al cielo está cayendo una lágrima.

CRISTINA CARRASCO SANABRIA. 1989

Una torre está triste esta noche, tiene la angustia de una madre que presiente la desgracia.

Cuando aparece, el silencio se hace denso y una voz rompe la noche ¡Al cielo con Él! Veintiséis hombros jerezanos se apiñan con fuerza unidos unos junto a otros y quieren llevarlo al cielo, a ese cielo jerezano que esta noche se ha hecho más bello y tenebroso. Un Cristo, que le llaman de la Piedad, sale acariciando balcones y ventanas, como queriendo consolar a un pueblo que llora por su dolor. Es hermoso y, al mirar su rostro, el alma entera de Jerez se estremece por su placidez y serenidad. Las calles parecen estrecharse para tocar sus manos y quedarse con algo de su Piedad, de algún balcón sale un baso hacia sus manos y los dedos quieren entrelazarse para quedarse unidos a ellas para siempre.

Los costaleros siguen pacientemente su recorrido entre gemidos de sufrimiento, son jóvenes jerezanos que intentan darle algo y, al mirar sus manos, sólo tienen una cosa que ofrecerle, su esfuerzo, su cuerpo joven para pasearlo por su pueblo, que Jerez le admire en toda su plenitud, y cuando al subir las cuestas el peso se haga duro, alguien gritará: ¡Viva el Cristo de la Piedad! Y de los cuerpos ya cansado y rotos como el suyo saldrá un impulso y ¡al cielo! Con su cruz, Jerez entero empuja, todos nuestros corazones quisieran irse al cielo a través de Él.

Noche jerezana llena de embrujo, los que viven esta noche entre sus muros quedarán para siempre enamorados de ti, quienes ven a ese Cristo pasear por tu noche ahogarán en su garganta una lágrima de dolor emocionado, entre admiración y sentimiento y le seguirán en su recorrido para llevarlo de nuevo a casa.

La torre le espera con ansiedad parece que se inclina para recogerlo. El silencio lo llena todo y sólo se oye el paso jadeante de sus costaleros. El último tramo, el más duro y emotivo, el último esfuerzo jerezano para su Cristo. La Iglesia abres sus puertas y, como los brazos de una madre, los acoge en un abrazo final.

Ya dentro sólo queda una oración, es la oración de sus costaleros que, cuando miran su cara y sus manos sienten todo el respeto y devoción por quien, en un día como hoy, dio la vida por ellos, por sus amigos.


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