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Carteles Semana Santa 2007 www.semanasantajerezana.com Jerez de los Caballeros

 

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Iconografía | Imágenes  

Vivencias

Miguel Hernández Granados.

En una columna del antiguo templo visigótico, encontrada al realizar obras en la Iglesia y que hoy se encuentra expuesta en la entrada de Santa María, se puede leer la siguiente inscripción: "El día noveno de las kalendas de enero del 594, fue consagrada esta Iglesia de Santa María". Esta fecha traspuesta a nuestro calendario actual, se correspondería con el 24 de diciembre del año 556.
Desde entonces y hasta nuestros días, una imagen de la Virgen de la Encarnación, ha presidido la Iglesia de Santa María de la Encarnación, la Mayor y más antigua de Jerez de los Caballeros. Desconocemos las imágenes que han podido sucederse a lo largo de los siglos, pero parece ser que la primera imagen desapareció durante la invasión islámica. Restaurado el cristianismo y bajo la tutela de la Orden del Temple, de nuevo la Virgen de la Encarnación preside el antiguo Templo, aunque hay indicios que apuntan a que esta imagen de la Virgen desapareció a principios del siglo XIX, fue expoliada durante la guerra de la Independencia y posiblemente trasladada a otro templo donde se venera bajo otra advocación. Posteriormente tuvimos otra imagen de la Virgen de la Encarnación, hasta que en la madrugada del 6 de marzo de 1965, el voraz incendio acaecido en la Iglesia destruyó el retablo del Altar Mayor y con él nuestra venerada imagen.
Poco tiempo estuvimos huérfanos de nuestra madre María de la Encarnación, y a principios del año 1966 (actualmente consta que en octubre de 1965 ya estaba la nueva imagen en Jerez de los Caballeros), procedente del taller del ilustre imaginero onubense, D. Antonio León Ortega, llegaba a Santa María la nueva imagen, para la que se había utilizado como modelo, fotografías de la anterior imagen devorada por el incendio y que fueron entregadas al escultor por miembros de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cofrades devotos de la Virgen. Así la Virgen de la Encarnación continua presidiendo todo el año desde el Altar Mayor, la Iglesia de Santa María.

Todos los años, el 2 de febrero, vestida para la ocasión por su camareras, con corona sencilla de plata y sin alhajas como manda la tradición, la Virgen se convierte en Candelaria y con su niño en brazos, colocada sobre unas pequeñas andas, preside la antigua ceremonia por la cual los pequeños jerezanos y jerezanas son llevados a la Iglesia de Santa María y presentados por sus padres y familiares, recordando el momento en que la Virgen presentó a Jesús en el Templo. Los presentes portan velas "candelas" bendecidas y en anteriores épocas, la Virgen procesionaba por el llano y calles adyacentes del barrio, conservándose actualmente, quizás de forma testimonial, una pequeña procesión dentro de la Iglesia.

En la mañana del Viernes Santo, tras el sermón de pregones y oídos los cantos del pregonero y ángel (interpretados por la Buena Mujer), que sentencian y defienden respectivamente a Jesús; colocada sobre sus andas de plata, vestida y adornada con mimo por sus camareras que la cuidan todo el año con esmero y cariño, esperando con ilusión la llegada de este día, la Virgen desfila en procesión desde Santa María, llevada con esfuerzo y devoción por sus fieles costaleros que en poco más de doce horas la pasearán por las calles de Jerez, una, dos y ¡tres veces! En "su calle" de la Amargura aguarda impaciente la llamada de Juan y María Magdalena, avanzando con presteza hasta la Plaza de España, y allí tras permitirle al fin el paso la escolta romana, abrazar y despedir camino del calvario a su Hijo, Nuestro Padre Jesús Nazareno, en la escena más típica y emotiva de nuestra Semana Santa, conocida popularmente como "el Encuentro".

Por la tarde en la procesión oficial del Santo Entierro, la Virgen, con vestido y manto negro como es norma en Viernes Santo, serena y recogida en sí misma, preside como madre el duelo por la muerte de su Hijo, acompañada por toda su Cofradía y también por representaciones de las demás Cofradías y Asociaciones religiosas, así como las autoridades locales.

Cae la noche y a Santa María van llegando personas, sobre todo mujeres, de todos los rincones de Jerez; de la Corchuela y el centro, del barrio Bajo y el Alto, de los Mártires, Cañito, de las barriadas nuevas surgidas en los últimos años, de Brovales, Valuengo y La Bazana y nuestras gentes que marcharon a vivir a Madrid, Barcelona, Valencia, etc. que vienen por estas fechas y también son jerezanos.

Dan las once en el reloj, por la puerta del sol sale el guión de la Virgen y a continuación, dos interminables filas de penitentes que con sus velas encendidas acompañan e iluminan en la noche el paso de la Virgen de la Soledad. Las madres y abuelas que un día llevaron a sus hijos y nietos a La Candelaria, acompañan hoy a La Soledad, llevando a las más pequeñas de la mano. Atrás ha quedado el colorido de las escoltas romanas y las túnicas de nazarenos; tampoco se oyen los sones de cornetas y tambores; es esta una procesión austera y en silencio, guardando respeto al dolor de La Soledad, dolor entendido y compartido por los cientos de mujeres y hombres que la acompañan, muchas de las cuales saben lo que se siente al perder a un ser querido y quieren estar con Ella en este doloroso deambular por las calles de Jerez.

Durante siglos, la Virgen de la Encarnación, como imagen titular de la Iglesia de Santa María, la han presidido desde el Altar Mayor; así mismo ha sido Candelaria cada 2 de febrero y el Viernes Santo se convierte en Soledad. Quiera Dios, el pueblo de Jerez y la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, esta última como garante de conocer y mantener la tradición, que así siga siendo en el milenio que acabamos de comenzar.

Amanece el Viernes Santo. Leonor Vázquez de Mondragón y García. 1990

Ya se acerca el Viernes Santo,
ya se acerca la mañana,
poco a poco amanece
poco a poco el día aclara.

Y el devoto espera,
con profunda emoción,
a Jesús el Nazareno
al que consagra su amor.

De Santa María sale
el fervor del jerezano
y la gente se apasiona,
tiene ansias por llevarlo.

Unos lo hacen por promesa,
otros por devoción,
pero todos quieren ser costaleros
de Jesús Nuestro Señor.

Y camina lentamente
el "paso" que no cansa,
los penitentes le siguen
caminando a San Miguel,
y allí en la escalinata
algo grande va a acontecer,
porque para el jerezano
hoy llega la procesión
del Cristo que ellos quieren,
el que es su Dios.

Y el encuentro se produce,
y la Verónica canta
entre un pueblo que amanece
entre gritos de alabanza.


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