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Su proceso constructivo abarca desde mediados del siglo XV hasta el final de la etapa barroca. La referencia más antigua que poseemos se remonta a 1463, fecha que podemos ver en el epitafio del sepulcro de García Martínez de Logroño.

Tiene planta de tres naves, divididas en cuatro tramos. De la primitiva fábrica se conserva la portada del lado del evangelio, de estilo gótico y formada por dos arcos apuntados que se continúan en sus respectivas jambas molduradas a través de sencillas impostas; su línea sobria y la total ausencia de decoración nos sitúan ante la fase arcaica del gótico en la Baja Extremadura. También corresponden a la primera construcción las bóvedas de terceles de las dos capillas situadas a los pies del templo.

En el siglo XVI se reconstruyen y se amplían las naves y se edifica la capilla próxima a la cabecera en el lado del evangelio, de la que aún se puede contemplar su bóveda de crucería estrellada.

 


La portada del perdón está constituida por tres cuerpos realizados con sillerías bien encuadradas. El vano de ingreso consiste en un arco de medio punto flanqueado por semicolumnas que apoyan en retropilastras; las medias columnas cuyos fustes están estriados, descansan en pedestales de sección triangular. Un sencillo entablamento cierra este nivel de la portada. La estructura del primer cuerpo se repite en el segundo, aunque a una escala más reducida. El arco se abocina levemente y las columnas flanqueantes se estilizan de manera patente. El resto de los elementos, ya citado, vuelven a repetirse. Rematando el conjunto aparece el mismo tema arquitectónico de las dos medias columnas que albergan. Este cuerpo final se cierra con un frontón triangular adornado con jarrones.

Sobre la portada anterior se eleva la torre, excelente ejemplar del barroquismo que tanto arraigo tuvo en Jerez de los Caballeros. Los elementos barrocos son el cuerpo de campanas y su remate, pues el resto, que constituye el basamento, es obra de sillería del siglo XVI. Los materiales de los cuerpos altos son el ladrillo, el barro cocido y los azulejos, estos últimos para los motivos decorativos. Las obras se desarrollan entre 1749 y 1756.

En cada lado de la torre hay vanos de medio punto enmarcados por estípites; la multiplicación de las molduras y la división de los frisos en recuadros producen un acentuado movimiento de entrantes y salientes y como consecuencia un animado juego de luces.

Sobre el cuerpo de campanas se eleva otro, consistente en dos estructuras a modo de linternas con todos sus frentes horadados. En los chaflanes de los ángulos se disponen en figuras de Santos, sobre ménsulas. En el punto más elevado se sitúa como remate final, la escultura del arcángel San Miguel.

La portada de la epístola está realizada en mármol y corresponde al siglo XVIII. El vano de ingreso es dintelado y va encuadrado en cada lateral por dos pilastras. El estilo barroco del siglo XVIII está aquí patente en el gusto por las placas rehundidas, en la decoración vegetal carnosa y abultada, así como el frontón partido que reducido a simples volutas, enmarca la hornacina central que alberga el santo titular.

 

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