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Santa Catalina
San Miguel
San Bartolomé
E. Santos Mártires
Santa María
     

Exterior | Santa Catalina  

Interior

En cuanto al contenido mueble del templo destaca el retablo mayor. Se adapta en su forma al ábside, cubriendo su cascarón, y se prolonga por los dos laterales. Consta de alto banco sobre el que van dos cuerpos divididos en cinco calles, separadas por columnas salomónicas. Se corona por una cornisa de la que arranca la parte esférica que cubre la bóveda. En la calle central, la imagen de Santa Catalina, en madera policromada, y en el cuerpo superior un crucifijo. Distribuidas por el retablo se encuentran las imágenes de San José, San Pablo, San Pedro y San Juan Bautista. La dedicada a Santa Catalina se pone de manifiesto en las ruedas de fuego y palma que figuran como elementos de referencia de la Santa. En esta obra trabajaron varios artistas: Francisco Morales y Juan Ramos hacia 1710; Jerónimo Gómez hasta 1723 y posteriormente Francisco Martínez. Es probable que el grueso de la obra sea de Jerónimo Gómez, mientras que los restantes artistas harían adiciones o complementos de la misma.

Esta parroquia conserva un gran número de tallas, debido principalmente a que muchas obras proceden de conventos desaparecidos. Las más interesantes destacamos a San Diego de Alcalá, que el profesor De la Banda y Vargas relacionada con el círculo del gran maestro Pedro de Mena. Se trata de una escultura donde la expresión realista y el fino trabajo de las manos y los pies nos sitúan ante una obra de muy buena factura. Del siglo XVII es la escultura policromada de San Pedro de Alcántara; con animado trabajo del rostro donde se recogen los signos de su vida austera y mística. Copia del Cristo de Serradilla es el Cristo de la Victoria existente en esta parroquia. Su calidad no llega a la del original, pues el autor puso más énfasis en el fervor expresivo que en el lenguaje artístico. De algún convento franciscano procede el de San Francisco de Asís, del que destacamos el tratamiento del rostro y el hábito. De principios del siglo XVIII puede ser el grupo de la Piedad, con menor expresividad que las anteriores y de apariencia más abultada y del siglo XVII el San Antonio de Padua que se venera junto a la capilla de ánimas. Del contenido pictórico destacamos una Inmaculada de posible escuela sevillana y fechable en la segunda mitad del siglo XVII. Sigue el modelo de Murillo en su primera época. En la apoteosis del Santo Rosario, lienzo del siglo XVII, resaltan los tonos azules y blancos de los ropajes; es una composición triangular cuyo centro ocupa la Virgen, situándose a los lados San Francisco y Santo Domingo. De escasa calidad es la pintura de la Venerable Madre Isabel de la Cruz, obra del pintor jerezano José Antonio Álvarez, realizada hacia 1865. La referida beata nació en 1601 y murió en 1681, originándose numerosas leyendas sobre sus extravagancias y éxtasis.

Es abundante la plata de esta iglesia. La obra más antigua corresponde a un hostiario de plata sobredorada, realizado en Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI y donado por un miembro de la familia Portocarrero. También cuenta este templo con una custodia de tipo sol, fabricada en Salamanca entre 1759 y 1779, y otra del mismo tipo pero de la ciudad de Córdoba y fechada en 1816.


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